Después de un buen desayuno en Casa de Marcelo

Ponemos rumbo hacia la Costa da Morte.

La mejor opción es salir por la carretera en dirección a Noia. El recorrido es cómodo y, poco a poco, el paisaje comienza a cambiar. Dejamos atrás el interior para acercarnos a una de las costas más espectaculares y menos masificadas de Galicia.

Nuestro primer destino será Noia, considerada la puerta de entrada a la Costa da Morte.

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Noia, «la pequeña Compostela» una de las villas con más historia de Galicia

Noia posee uno de los cascos históricos mejor conservados de Galicia y merece la pena dedicarle el tiempo suficiente para recorrerlo a pie.

Nuestra recomendación es dejar el coche cerca del centro histórico y comenzar el paseo sin un itinerario fijo.

Las calles empedradas, los soportales y las casas de piedra conservan el ambiente de una villa que durante siglos estuvo muy ligada al comercio marítimo.

No dejes de visitar la iglesia de San Martiño, uno de los mejores ejemplos del gótico gallego, y la Praza do Tapal, uno de los rincones con más ambiente de la localidad.

Si el mercado está abierto, merece la pena entrar unos minutos. Encontrarás pescados, mariscos y productos de la huerta que forman parte del día a día de la comarca.

Antes de continuar la ruta, acércate al paseo marítimo. Desde aquí ya aparecen las primeras vistas de la ría y es fácil entender por qué Noia siempre ha vivido de cara al mar.

Cuando estés listo, volvemos al coche.

La siguiente parada está muy cerca y es, para muchos, uno de los pueblos marineros con más encanto de Galicia.

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Muros, un puerto que conserva su esencia

En apenas unos minutos la carretera nos lleva hasta Muros.

A diferencia de otras localidades más turísticas, Muros sigue conservando el ambiente de un auténtico puerto pesquero.

Lo mejor es dejar el coche junto al puerto y recorrer el casco histórico caminando.

Las calles estrechas, los soportales de piedra y las plazas desembocan una y otra vez en el mar, por lo que resulta difícil perderse.

Mientras paseas verás pequeñas embarcaciones de pesca, marineros trabajando y terrazas que comienzan a llenarse a medida que avanza la mañana.

No hace falta seguir un recorrido concreto pero no dejes de visitar la Antigua Colexiata de Santa Maria hoy iglesia de San Pedro y por supuesto, subir a la torre del campanario, te sorprenderán las vistas.

Simplemente camina, cruza sus calles más antiguas y acércate al puerto para disfrutar del ambiente y si quieres alargar el paseo, acertate al molino de mareas del Pozo do Cachón, que hasta no hace mucho funcionaba, hoy convertido en museo.

Si el día acompaña, este puede ser un buen momento para hacer una pequeña pausa en alguna terraza frente al mar o en alguna plaza interior antes de continuar el viaje.

A partir de aquí el paisaje cambia.

La costa se vuelve más abierta, las playas comienzan a ganar protagonismo y el Atlántico empieza a mostrar toda la fuerza que caracteriza a la Costa da Morte.

Nuestro siguiente destino será Carnota, donde nos espera una de las playas más espectaculares de Galicia.

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De Muros a Carnota, una carretera para disfrutar sin prisas

Al salir de Muros la carretera continúa siempre junto al mar.

Es uno de esos tramos en los que merece la pena conducir con calma. A un lado aparecen pequeñas calas y playas; al otro, las montañas comienzan a acercarse al Atlántico, anunciando que estamos entrando en uno de los paisajes más característicos de la Costa da Morte.

Poco a poco llegamos a Carnota.

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Carnota y el hórreo más largo de Galicia

Carnota es conocida por albergar uno de los símbolos de la arquitectura tradicional gallega, su famoso hórreo, considerado el más largo de Galicia.

Junto a él se encuentra la iglesia de Santa Comba, formando un conjunto histórico que merece una breve parada antes de continuar la ruta.

Es una visita tranquila, perfecta para estirar las piernas y descubrir una parte importante del patrimonio rural gallego.

Pero Carnota guarda otro de sus grandes atractivos muy cerca.

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La playa de Carnota

A pocos minutos aparece una de las playas más impresionantes de Galicia.

La playa de Carnota sorprende por sus dimensiones, su arena fina y la sensación de naturaleza intacta que transmite durante todo el año.

Si el tiempo acompaña, merece la pena acercarse hasta la arena y caminar unos minutos junto al mar.

Aquí no hay edificios ni grandes paseos marítimos.

Solo dunas, océano y una playa que parece no terminar nunca.

Si durante tu estancia dispones de más días y coincides con una noche de verano en la zona, quizá tengas la suerte de contemplar el llamado Mar de Ardora, un fenómeno natural de bioluminiscencia que hace brillar las olas con un intenso color azul. No siempre aparece, pero cuando sucede resulta un espectáculo inolvidable.

Frente a la playa destaca otro de los grandes protagonistas de la jornada.

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El Monte Pindo, la montaña de las leyendas

Mientras continuamos la ruta, la silueta del Monte Pindo domina todo el paisaje.

Conocido como el Olimpo Celta, esta montaña ha estado rodeada de leyendas desde hace siglos y sigue siendo uno de los lugares más emblemáticos de la Costa da Morte.

Aunque la subida hasta la cima requiere varias horas, desde la carretera ya se obtienen magníficas vistas y es fácil comprender por qué este lugar siempre ha despertado tanta admiración.

A sus pies nos espera una de las paradas más sorprendentes del recorrido.

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Ézaro, donde el río desemboca en el océano

Muy pocos lugares pueden presumir de algo tan singular.

En Ézaro, el río Xallas forma la única cascada de Europa que desemboca directamente en el mar.

Un paseo perfectamente acondicionado permite acercarse hasta la base de la cascada y contemplar la fuerza con la que el agua cae entre las rocas antes de llegar al Atlántico.

Si la visita coincide después de una época de lluvias, el espectáculo resulta todavía más impresionante.

Muy cerca comienza la carretera que asciende hasta el Mirador de Ézaro.

Aunque la subida presenta varias curvas, merece totalmente la pena.

Desde arriba se disfruta de una de las panorámicas más completas de toda la Costa da Morte, con la desembocadura del Xallas, el Monte Pindo y el océano formando un paisaje difícil de olvidar, bien merecería la pena disponer de una noche de verano para quedarse a disfrutar del espectáculo musical y luminoso que proyectan por las noches y para los más atrevidos, porque no, de ahí a ver el Mar de Ardora.

Después de esta parada retomamos la carretera.

A partir de aquí el destino ya es inconfundible.

Nos dirigimos hacia Fisterra, el lugar donde durante siglos se creyó que terminaba el mundo conocido.

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Fisterra, el final del camino

Antes de subir al faro merece la pena entrar en el pueblo.

El puerto conserva toda su esencia marinera y resulta agradable recorrer el paseo mientras observamos las embarcaciones pesqueras y el ambiente que rodea la lonja y los restaurantes.

Si has seguido la ruta con tranquilidad, probablemente este sea el momento perfecto para comer.

Fisterra ofrece una amplia variedad de restaurantes donde disfrutar de pescado fresco, marisco y otros productos típicos de la costa gallega, alguna recomendación: O Pirata, O Centolo, Tira do Cordel y un sinfín más.

Después de comer, un paseo por el puerto ayuda a descubrir la auténtica vida marinera de la localidad antes de poner rumbo al lugar más esperado de toda la excursión.

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El Faro de Finisterre

La carretera asciende suavemente hasta el cabo.

Y, de repente, aparece el faro.

Más allá solo queda el océano.

Durante siglos este fue considerado el Fin del Mundo, y todavía hoy conserva ese simbolismo que atrae cada año a miles de visitantes y peregrinos que prolongan aquí el Camino de Santiago.

Camina por los diferentes miradores, disfruta de las vistas y contempla el Atlántico.

Si el día está despejado entenderás por qué este lugar sigue siendo uno de los rincones más especiales de Galicia.

Y si coincides con la puesta de sol, vivirás uno de esos momentos que permanecen mucho tiempo en la memoria.

Antes de emprender el regreso todavía queda una última parada muy recomendable.

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Muxía, el broche perfecto a la Costa da Morte

Después de visitar el Faro de Finisterre todavía queda un lugar que merece la pena descubrir.

Continuamos la ruta hacia Muxía por una carretera que vuelve a ofrecernos magníficas vistas del Atlántico. En poco tiempo llegamos a uno de los lugares más emblemáticos de la Costa da Morte.

El Santuario da Virxe da Barca se alza sobre un impresionante conjunto de rocas, prácticamente frente al océano.

Aquí, la tradición, las leyendas y la fuerza del mar se unen para crear uno de esos lugares que transmiten una sensación difícil de explicar.

Merece la pena recorrer tranquilamente el entorno, bajar hasta la “Pedra de Abalar”, una inmensa roca posada sobre otra que en algún momento se podía mover con tu propio peso dado el punto óptimo de equilibrio, hace años el mar la golpeo de tal forma que la asentó definitivamente, solo te queda pasar bajo ella y pedir el deseo, sube a contemplar el océano y visitar el santuario antes de continuar el viaje.

Muchos viajeros ponen aquí el punto final a su recorrido por la Costa da Morte.

Pero nosotros todavía queremos enseñarte un rincón más.

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Ponte Maceira, uno de esos lugares que casi nadie espera

De camino hacia Casa de Marcelo nos desviamos unos minutos para descubrir Ponte Maceira, un pequeño pueblo medieval atravesado por el río Tambre y considerado uno de los pueblos con más encanto de Galicia.

La visita no lleva más de veinte o veinticinco minutos, pero merece completamente la pena.

Cruza su puente medieval, pasea junto al río, observa los antiguos molinos y disfruta de la tranquilidad de un lugar que parece detenido en el tiempo.

No encontrarás grandes monumentos ni largas colas de visitantes.

Precisamente ahí reside su encanto.

Es uno de esos lugares que normalmente solo se descubren cuando alguien de la zona te los recomienda.

Y por eso queríamos incluirlo en esta ruta.

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Antes de regresar a Casa de Marcelo

Después de visitar Ponte Maceira ya solo queda el último tramo del viaje.

Si todavía te apetece terminar el día sin prisas, Bertamiráns es una buena opción para hacer una última parada antes de regresar.

Encontrarás varios restaurantes donde cenar tranquilamente y comentar el día antes de volver al alojamiento, entre las opciones mejor valoradas están Milongas Parrillada & Churrasquería Bertamiráns, Asador Vacavella o Mesón Denoe o Pizzeria Sicilia en Boca.

Después de una jornada recorriendo algunos de los paisajes más espectaculares de Galicia, solo queda regresar a Casa de Marcelo y descansar.

Mañana será un buen día para descubrir un nuevo rincón de esta tierra.